Ansiedad

La ansiedad puede darse de muchas formas, pero siempre sirve para facilitar la adaptación a los peligros. Esto es muy útil para enfrentarse a situaciones que realmente pueden ser dañinas. Lo problemático es cuando estas reacciones se generalizan a situaciones cotidianas que no peligrosas. 

Muchas veces lo que genera ansiedad ante una situación inofensiva es que se asocie con experiencias en las que se sufrió un intenso malestar. En otros casos, la causa puede ser un afrontamiento inadecuado de algunas situaciones: que se anticipen peligros, que se den pensamientos catastrofistas o que no se perciba ningún control sobre la situación.

Lo más desagradable de la ansiedad es que se presenta de forma súbita e involuntaria, haciendo preferible la evitación de ciertas situaciones antes que experimentar estas reacciones. En este sentido es muy importante aclarar que una respuesta puntual de ansiedad, por muy intensa que sea, no es peligrosa para el organismo. El objetivo último en estos casos es que la persona adquiera control sobre su situación, y para ello hace falta que aprenda nuevas formas de afrontarla, que trabaje a nivel cognitivo (pensamientos) y aplique técnicas de control de la activación fisiológica. 

Los problemas de ansiedad más frecuentes son los trastornos obsesivo-compulsivos, fobias específicas, agorafobia, ansiedad social y ansiedad generalizada. La principal diferencia entre ellos son las situaciones y los momentos en los que se presentan.